miércoles, 20 de septiembre de 2017

Algo de Historia

Una velacandela o bujía es una fuente de iluminación, consistente en una mecha que asciende por el interior de una barra de combustible sólido, como puede ser la cera, la grasa o la parafina 


Encender velas y lámparas ha sido considerado de tiempos muy antiguos como una prueba exterior de alegría y también, por medio de ellas se manifestaba el respeto hacia ciertas personas distinguidas. Así es que se llevaba delante de algunos magistrados romanos entre otras insignias de distinción en una mesa en la que había un libro y como dos candeleros con dos velas encendidas.


El uso de las candelas o los cirios en las ceremonias o cultos religiosas es de la más remota antigüedad. Sabemos que los paganos se servían de antorchas en sus sacrificios, sobre todo, en la celebración de los misterios de Ceres y que ponían cirios encendidos delante de las estatuas de sus dioses.

Unos creen que a imitación de esta ceremonia pagana fueron introducidos los cirios en la Iglesia. Otros sostienen que los primeros cristianos tomaron este uso de los judíos. Sin embargo, parece que el origen o introducción de las candelas no debe buscarse ni en unos ni en otros, sino en el cristianismo mismo. Es bien sabido que no pudiendo reunirse los primeros fieles sino en lugares ocultos y subterráneos estarían obligados a valerse de antorchas y luces para la celebración de los misterios de su religión y cuando después pudieron edificar altares y templos tuvieron también necesidad de ellas porque estos estaban construidos de modo que apenas dejaban entrar la luz con el objeto de inspirar más respeto y veneración por medio de la oscuridad. Este parece ser el origen más natural de la introducción de los cirios en la Iglesia. Y éstos, que en un principio fueron de necesidad, pasaron a ser con el tiempo un adorno y algunas veces, parte de ceremonias misteriosas y simbólicas.


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